El amor que atraviesa la ausencia, renueva su compromiso y permanece fiel.

La segunda mitad de Cantares muestra que el amor verdadero no permanece siempre en una etapa de entusiasmo sin dificultades. La relación atraviesa momentos de distancia, tardanza, búsqueda y restauración. Sin embargo, esas tensiones no destruyen necesariamente el vínculo. Cuando existe amor sincero, los conflictos pueden convertirse en oportunidades para reconocer errores, reafirmar la admiración y renovar el compromiso.
Estos capítulos también presentan algunas de las declaraciones más profundas de toda la Biblia acerca del amor humano. El amor aparece como una fuerza poderosa que no puede comprarse, extinguirse ni tratarse como simple emoción pasajera. El amor digno de ese nombre incluye deseo y deleite, pero también exclusividad, perseverancia, protección y entrega voluntaria.
CANTARES 5 — LA INTIMIDAD, LA DISTANCIA Y LA BÚSQUEDA DEL AMADO
Cantares 5 comienza con la entrada del amado al huerto descrito al final del capítulo anterior. La imagen comunica la consumación de una relación de entrega recíproca. El hombre recoge mirra y aromas, come miel y bebe vino y leche. Los elementos representan abundancia, celebración y satisfacción.
La invitación a comer y beber probablemente procede de un coro que celebra la unión de los esposos. En el mundo antiguo, la boda no era solamente un acto privado. La comunidad acompañaba a la pareja, reconocía públicamente su compromiso y participaba en el banquete. Aunque la intimidad pertenecía exclusivamente a los esposos, el pacto matrimonial era confirmado delante de otros.
El lenguaje del huerto debe interpretarse con reverencia y dentro del propósito general del libro. Cantares no presenta una relación desordenada ni promiscua, sino una intimidad protegida por compromiso y pertenencia mutua. La Biblia celebra aquello que la cultura frecuentemente deforma: una entrega corporal inseparable de la fidelidad, el respeto y la responsabilidad.
Después de esta escena, el poema cambia repentinamente:
“Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía.” (Cantares 5:2)
La expresión «dormía, pero mi corazón velaba» puede indicar un sueño. Esta interpretación explica el carácter extraño de la escena, los cambios repentinos y la semejanza con la búsqueda nocturna del capítulo 3. También puede representar poéticamente un momento real de distanciamiento. En ambos casos, el pasaje permite observar cómo una pequeña tardanza puede producir dolor dentro de la relación.
El amado llega durante la noche con la cabeza mojada por el rocío. En una región donde la diferencia entre la temperatura del día y de la noche podía producir abundante humedad, el rocío podía empapar a quien permaneciera fuera. Él pide que se le permita entrar, pero la mujer responde que ya se quitó la ropa y lavó sus pies.
Estas expresiones reflejan las costumbres domésticas de la época. Las personas utilizaban sandalias y caminaban por caminos polvorientos, por lo que lavarse los pies antes de acostarse era parte del cuidado personal. Sin embargo, la respuesta de la mujer también manifiesta incomodidad y demora. Levantarse exigiría interrumpir su descanso y ensuciar nuevamente sus pies.
El problema no es simplemente que necesitara unos segundos para abrir. El poema transmite vacilación. El amado había llegado, pero ella permitió que una pequeña incomodidad pesara más que su presencia. Cuando finalmente se levanta, él ya se ha retirado.
“Abrí yo a mi amado; pero mi amado se había ido, había ya pasado; y tras su hablar salió mi alma. Lo busqué, y no lo hallé; lo llamé, y no me respondió.” (Cantares 5:6)
La ausencia despierta en ella aquello que la comodidad había debilitado. Ahora reconoce cuánto deseaba escucharlo y tenerlo cerca. Esta experiencia refleja una realidad frecuente: en ocasiones, las personas valoran plenamente una relación cuando la distancia revela lo que habían comenzado a dar por sentado.
No debe concluirse que cada conflicto o demora justifica el abandono. El amado tampoco aparece necesariamente castigándola de manera calculada. La escena poética muestra que las oportunidades de acercamiento pueden perderse cuando domina la indiferencia. El amor necesita disponibilidad; no puede mantenerse saludable si uno busca acercarse continuamente mientras el otro responde con frialdad, desprecio o constante postergación.
La mujer sale a buscarlo y se encuentra con los guardias de la ciudad. Esta vez no la ayudan. La golpean, la hieren y le quitan el manto. El texto describe una experiencia violenta y humillante sin aprobarla. Los guardias, cuya responsabilidad era proteger la ciudad, se convierten en una amenaza para una mujer vulnerable.
Esta escena no debe utilizarse para culpar a una víctima por encontrarse fuera de su casa ni para justificar la violencia bajo la excusa de una conducta imprudente. La brutalidad de los guardias sigue siendo injusta. Dentro del poema, el episodio intensifica la angustia de la búsqueda y demuestra que la ausencia del amado la ha dejado expuesta en un ambiente peligroso.
Las hijas de Jerusalén preguntan qué distingue a su amado de los demás. Ella responde mediante una extensa descripción de su apariencia. Su cabeza es comparada con oro fino; sus cabellos, con cuervos; sus ojos, con palomas junto a corrientes de agua; sus labios y mejillas, con flores y aromas; sus brazos, con joyas; y sus piernas, con columnas de mármol.
Las comparaciones no pretenden ofrecer un retrato físico exacto. Forman parte de la poesía amorosa del antiguo Cercano Oriente y utilizan objetos considerados fuertes, hermosos o valiosos. Así como el hombre describió detalladamente la belleza de la mujer, ahora ella expresa su admiración hacia él.
“Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, oh doncellas de Jerusalén.” (Cantares 5:16)
La declaración final es especialmente importante: «Tal es mi amado, tal es mi amigo». Ella no lo considera solamente atractivo; lo reconoce como amigo. La amistad fortalece el amor matrimonial porque permite compartir pensamientos, preocupaciones, proyectos y etapas de la vida. La belleza física puede despertar admiración, pero una relación duradera necesita amistad, confianza y compañerismo.
CANTARES 6 — EL REENCUENTRO, LA PERTENENCIA Y EL VALOR ÚNICO DE LA PERSONA AMADA

Después de escuchar la descripción, las hijas de Jerusalén se ofrecen a ayudar en la búsqueda. La mujer responde que su amado ha descendido al huerto, a los campos de aromas y a recoger lirios. El tono de angustia comienza a transformarse en seguridad.
Entonces aparece nuevamente una de las declaraciones centrales del libro:
“Yo soy de mi amado, y mi amado es mío; él apacienta entre los lirios.” (Cantares 6:3)
En Cantares 2:16, la mujer había dicho primero: «Mi amado es mío, y yo suya». Ahora el orden cambia: «Yo soy de mi amado, y mi amado es mío». No es necesario construir una doctrina completa a partir del cambio, pero poéticamente puede reflejar una comprensión más madura de la relación. El amor no comienza exigiendo posesión; aprende a ofrecerse.
La pertenencia expresada aquí es recíproca. No autoriza a controlar, vigilar, aislar ni dominar al otro. Ninguno pertenece al otro como un objeto sin voluntad. Ambos se reconocen mutuamente dentro de una alianza de entrega y fidelidad. El amor bíblico no dice solamente “tú eres para mí”; también afirma “yo me entrego responsablemente a ti”.
El hombre vuelve a describir la hermosura de la mujer. La compara con Tirsa, Jerusalén y ejércitos en orden. Tirsa había sido una ciudad destacada por su belleza y posteriormente se convirtió en capital del reino del norte antes de la construcción de Samaria. Jerusalén representaba dignidad, fortaleza y esplendor. La mujer produce admiración semejante a la de una ciudad majestuosa.
La expresión «imponente como ejércitos en orden» no presenta a la mujer como agresiva. Comunica que su presencia posee fuerza y dignidad. El amado incluso declara que sus ojos lo han vencido. La mujer no aparece como figura débil, silenciosa o carente de influencia. Su belleza y personalidad conmueven profundamente al hombre.
La descripción de sus cabellos, dientes y mejillas repite imágenes del capítulo 4. La repetición puede mostrar que la admiración no ha desaparecido después del conflicto. Él no utiliza el momento de tensión para humillarla, recordarle su tardanza o disminuir su valor. La relación se restaura mediante palabras que reafirman la dignidad y el afecto.
El texto menciona sesenta reinas, ochenta concubinas e innumerables doncellas. Estas cifras evocan un ambiente real y posiblemente un harén en desarrollo. Las estructuras polígamas formaban parte de muchas cortes antiguas, pero su presencia en el poema no significa que Dios las apruebe. Las consecuencias de la poligamia aparecen repetidamente en la historia bíblica mediante rivalidades, sufrimiento familiar e infidelidad espiritual.
Frente a la multitud de mujeres, el amado declara:
“Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; es la única de su madre, la escogida de la que la dio a luz.” (Cantares 6:9)
El énfasis recae sobre el carácter único de la amada. No es una más entre muchas ni puede ser reemplazada fácilmente. Para él es incomparable. Esta declaración entra en tensión con la acumulación de mujeres asociada con las cortes reales y dirige la atención hacia el ideal de exclusividad.
El amor matrimonial no debe alimentarse mediante comparaciones. Cuando una persona compara constantemente a su cónyuge con otros cuerpos, personalidades, habilidades o condiciones económicas, debilita la seguridad de la relación. Amar implica aprender a contemplar al otro como una persona irrepetible, no como un objeto que puede sustituirse cuando aparece una alternativa más atractiva.
Las mujeres también reconocen la belleza de la amada:
“¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?” (Cantares 6:10)
El alba anuncia la llegada de la luz; la luna ilumina la noche y el sol domina el día. Las comparaciones comunican brillo, presencia y esplendor. La mujer anteriormente preocupada por su piel oscurecida por el sol aparece ahora reconocida públicamente. La mirada amorosa no elimina su historia ni sus marcas, pero le permite comprender que estas no determinan negativamente su valor.
El capítulo concluye con una escena difícil de interpretar. La mujer desciende al huerto de los nogales para observar las plantas del valle, las vides y los granados. Repentinamente se encuentra entre los carros de un pueblo noble. El cambio puede representar la manera inesperada en que el amor la eleva o la conduce hacia una nueva condición.
También aparece por primera vez el nombre «sulamita». Su identificación exacta es discutida. Puede relacionarse con Sunem, una localidad del territorio de Isacar, o funcionar como una forma femenina relacionada con el nombre Salomón y con la idea hebrea de paz. El poema no proporciona suficientes datos para identificarla históricamente con absoluta certeza.
La invitación «vuélvete, vuélvete» muestra que otros desean contemplarla. Ella pregunta por qué deberían mirarla como si observaran la reunión de dos campamentos. La expresión puede referirse a una danza o a una escena de gran movimiento. En cualquier caso, el texto prepara la descripción de su belleza en el capítulo siguiente.
CANTARES 7 — LA ADMIRACIÓN RENOVADA Y EL DESEO DE COMPARTIR LA VIDA
Cantares 7 contiene otra descripción detallada del cuerpo de la mujer. En esta ocasión comienza con sus pies y asciende progresivamente. Las sandalias, los contornos de los muslos, el ombligo, el vientre, los pechos, el cuello, los ojos, la nariz, la cabeza y los cabellos aparecen mediante imágenes poéticas.
Algunas comparaciones pueden resultar difíciles para el lector moderno. Los muslos son comparados con joyas trabajadas por un excelente maestro; el vientre, con un montón de trigo cercado de lirios; el cuello, con una torre de marfil; los ojos, con estanques; y la nariz, con una torre que mira hacia Damasco. Estas figuras no deben evaluarse según los criterios de la publicidad contemporánea. Pertenecen a una cultura en la que la fertilidad de la tierra, las construcciones fuertes, los depósitos de agua y los materiales preciosos transmitían belleza, salud, abundancia y dignidad.
La descripción no fragmenta a la mujer para convertirla en una colección de partes destinadas al consumo visual. El poema termina contemplándola como persona completa. El amado no expresa desprecio, exigencia ni comparación. La admiración surge dentro de una relación de compromiso y se comunica directamente a la persona amada.
“¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso!” (Cantares 7:6)
La expresión reconoce el placer de la compañía y la belleza. Dentro del matrimonio, la atracción no debe considerarse innecesaria o espiritualmente inferior. El cuerpo forma parte de la buena creación de Dios. Sin embargo, la atracción debe permanecer unida al respeto por la persona completa.
La cultura contemporánea suele separar el deseo de la responsabilidad. Puede estimular la observación de cuerpos sin interés por la historia, la dignidad o el bienestar de las personas. Cantares presenta una alternativa: el deseo pertenece a una relación donde existen nombre, amistad, palabras, exclusividad y entrega. La atracción gobernada por el amor honra; la codicia desordenada consume y desecha.
El amado compara la estatura de la mujer con una palmera y sus pechos con racimos. La palmera datilera era apreciada por su altura, belleza, sombra y fruto. La imagen comunica elegancia y fecundidad. El lenguaje expresa deseo, pero la mujer no permanece como objeto silencioso. Ella responde:
“Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento.” (Cantares 7:10)
Esta declaración combina pertenencia y seguridad. Ella sabe que es amada y deseada. No necesita competir con las demás ni vivir dominada por la incertidumbre. La confianza le permite responder voluntariamente e invitar al amado a salir al campo y pasar la noche en las aldeas.
La mujer propone levantarse temprano para observar si han brotado las vides, si aparecen las flores y si han florecido los granados. Estos elementos ya habían servido como imágenes de la relación. Ahora desea contemplarlos junto al amado. La relación no se limita al espacio privado; ambos pueden recorrer la tierra, observar el trabajo y compartir experiencias.
El campo y las aldeas contrastan con el ambiente urbano y palaciego. La mujer parece invitarlo a su propio entorno, lejos de las formalidades de la corte. El amor necesita espacios donde las personas puedan conocerse sin depender constantemente de la apariencia pública, las obligaciones sociales o las distracciones cotidianas.
Los frutos nuevos y antiguos guardados a la puerta representan la abundancia preparada para el amado. La mención de las mandrágoras refleja una creencia antigua que las relacionaba con la fertilidad y el deseo. En Génesis 30, Raquel y Lea discutieron por las mandrágoras encontradas por Rubén. Cantares utiliza su aroma dentro de un conjunto de imágenes relacionadas con amor, fecundidad y deleite.
El pasaje no presenta el amor como una experiencia estática. La mujer conserva «frutos nuevos y añejos». Una relación madura aprecia los recuerdos compartidos, pero también necesita producir experiencias nuevas. El amor se debilita cuando solamente vive de lo que fue; permanece vivo cuando honra su historia y continúa cultivando el presente.
CANTARES 8 — EL SELLO DEL AMOR, SU PODER Y SU FIDELIDAD

El último capítulo comienza con el deseo de la mujer de expresar públicamente su afecto sin ser menospreciada. En aquella cultura, el cariño entre hermanos podía mostrarse en público con mayor libertad que el afecto romántico. Por eso declara que, si el amado fuera como un hermano criado junto a ella, podría besarlo fuera de casa sin recibir desprecio.
La expresión no manifiesta un deseo incestuoso. La mujer anhela una cercanía públicamente aceptada y protegida. Desea llevar al amado a la casa de su madre y compartir con él vino aromático y mosto de granadas. Nuevamente, la relación se vincula con el hogar, la formación familiar y el reconocimiento social.
Por tercera vez aparece la advertencia dirigida a las hijas de Jerusalén:
“Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.” (Cantares 8:4)
La repetición confirma uno de los mensajes principales del libro. El amor posee fuerza y no debe despertarse irresponsablemente. Esto incluye evitar relaciones manipuladoras, intimidad prematura, promesas que no existe intención de cumplir y estímulos que despiertan deseos sin enseñar dominio propio.
Esperar no significa despreciar el amor. Significa reconocer su valor. Las cosas sagradas no se tratan apresuradamente. El dominio propio protege al amor de convertirse en una fuerza desordenada que produce heridas, dependencias, traiciones y consecuencias difíciles de reparar.
Después aparece la mujer subiendo del desierto apoyada sobre su amado. El desierto representa un lugar difícil, pero ella no aparece sola. La imagen comunica acompañamiento y dependencia mutua. El amor verdadero no promete que nunca existirán desiertos; ofrece una presencia fiel para atravesarlos.
Bajo un manzano fue despertado el amor, en un lugar relacionado con la madre y el nacimiento. El lenguaje conecta el amor presente con la historia de la mujer. Ella no llega a la relación sin pasado. Posee familia, formación, heridas, recuerdos y un lugar de procedencia. Amar a alguien implica recibir responsablemente la historia que ha contribuido a formar su vida.
Entonces aparece la declaración culminante del libro:
“Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.” (Cantares 8:6)
El sello servía para identificar propiedad, autenticar documentos y representar la autoridad de una persona. Podía utilizarse como anillo o llevarse colgado sobre el pecho. Pedir ser colocada como sello sobre el corazón y el brazo significa solicitar un lugar permanente tanto en los afectos como en las acciones. El corazón representa la vida interior; el brazo, la fuerza y la conducta visible.
El amor no debe permanecer solamente como sentimiento secreto. Debe gobernar decisiones, palabras y acciones. Quien afirma amar, pero actúa repetidamente con engaño, abandono o violencia, contradice su declaración. El sello del corazón debe aparecer también sobre el brazo: el amor interior necesita convertirse en fidelidad visible.
La comparación con la muerte comunica poder e inevitabilidad. La muerte alcanza a toda persona y no abandona fácilmente aquello que toma. De manera semejante, el amor auténtico posee una fuerza perseverante. Esto no justifica obsesiones destructivas, persecución, dependencia enfermiza ni negativa a aceptar el final de una relación abusiva. Cantares describe el amor recíproco y comprometido, no la insistencia unilateral que ignora la voluntad del otro.
Los «celos» pueden referirse al celo producido por la exclusividad. Existe una diferencia entre el celo que protege responsablemente el pacto y los celos pecaminosos que controlan, acusan sin evidencia o tratan al otro como propiedad. El amor matrimonial rechaza la infidelidad porque su compromiso es exclusivo, pero nunca debe convertir esa exclusividad en excusa para la violencia.
La expresión hebrea traducida como «fuerte llama» puede entenderse como una llama intensísima y posiblemente como «llama de Jehová». La terminación divina puede funcionar como una manera de expresar el grado superlativo del fuego. En cualquier caso, la imagen presenta un amor ardiente que supera las capacidades humanas de apagarlo.
“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían.” (Cantares 8:7)
Las aguas representan dificultades capaces de inundar y destruir. Sin embargo, no logran extinguir este amor. La permanencia no depende de ausencia de problemas, sino de una fidelidad que atraviesa las pruebas. Enfermedad, escasez, envejecimiento, distancia y temporadas de tensión pueden afectar una relación, pero no tienen que destruirla cuando ambos continúan cuidando el pacto.
El amor tampoco puede comprarse. Una persona podría entregar todos sus bienes y aun así no adquirir amor verdadero. Los regalos pueden expresar afecto, pero no sustituir sinceridad, presencia, respeto ni fidelidad. Cuando el dinero se utiliza para manipular emociones, obtener acceso al cuerpo o encubrir el maltrato, deja de ser generosidad y se convierte en instrumento de control.
La conversación sobre una hermana menor que todavía no ha alcanzado madurez introduce el tema de la protección familiar. Sus hermanos se preguntan qué harán cuando llegue el momento de hablar de matrimonio. Si es muro, construirán sobre ella un palacio de plata; si es puerta, la protegerán con tablas de cedro.
El muro representa firmeza y capacidad de establecer límites; la puerta puede representar apertura y vulnerabilidad. Aunque el lenguaje refleja una cultura donde la familia ejercía amplia autoridad sobre las decisiones matrimoniales, el principio de cuidado continúa siendo valioso. Las familias y comunidades deben preparar a los jóvenes para tomar decisiones sabias, no simplemente vigilarlos sin formación.
La protección no debe convertirse en dominio abusivo. Los padres no están llamados a tratar a sus hijos como propiedad ni a imponer relaciones por conveniencia. Deben enseñar dignidad, pureza, responsabilidad, discernimiento y capacidad de establecer límites. La joven responde:
“Yo soy muro, y mis pechos como torres, desde que fui en sus ojos como la que halla paz.” (Cantares 8:10)
Ella se presenta como una mujer madura y firme. No necesita permanecer indefinidamente bajo decisiones ajenas. Ha aprendido a proteger su dignidad y encuentra paz delante del amado. La pureza bíblica no consiste solamente en cercas externas; necesita convertirse en convicción interior.
El capítulo menciona posteriormente una viña de Salomón en Baal-hamón, entregada a guardas que debían producir grandes ganancias. La mujer contrasta esa viña comercial con su propia viña, que está delante de ella. La imagen puede expresar que su vida y su amor no están disponibles para ser administrados como propiedad económica.
Salomón puede conservar sus riquezas y recompensar a los guardas, pero ella dispone responsablemente de su propia viña. Esta afirmación recuerda el comienzo del libro, donde había dicho que no pudo cuidar su viña por atender las viñas ajenas. Ahora la viña está delante de ella. La mujer que comenzó hablando de abandono y trabajo impuesto termina expresando madurez, dignidad y capacidad de entrega consciente.
El libro concluye con el amado pidiendo escuchar su voz y con la mujer invitándolo a apresurarse como una gacela sobre los montes aromáticos:
“Apresúrate, amado mío, y sé semejante al corzo, o al cervatillo, sobre las montañas de los aromas.” (Cantares 8:14)
El final permanece abierto. No concluye con una explicación doctrinal ni con la desaparición del deseo, sino con una invitación. El amor continúa buscando presencia, comunicación y encuentro. La relación necesita seguir cultivándose después de la boda, después del conflicto y después de los años. No existe un momento en que pueda abandonarse completamente el cuidado de la viña.
PALABRAS CLAVE EN LOS IDIOMAS ORIGINALES
Comprender algunas palabras en su idioma original ayuda a captar la profundidad espiritual del texto. Estas definiciones no sustituyen la Escritura; la iluminan.
תַּמָּתִי (Tammatí) — Perfecta mía, íntegra mía o mi compañera sin igual. No afirma ausencia absoluta de pecado. Es una expresión amorosa que comunica integridad, singularidad y la mirada favorable con que el amado contempla a la mujer.
שׁוּלַמִּית (Shulammít) — Sulamita. Nombre o designación de la mujer de Cantares. Puede relacionarse con Sunem o con la raíz hebrea asociada con paz. Su identificación histórica exacta permanece discutida.
חוֹתָם (Ḥotám) — Sello o marca de autenticidad. En Cantares 8:6 representa pertenencia, permanencia y compromiso. El amor desea quedar grabado tanto en los afectos del corazón como en las acciones representadas por el brazo.
קִנְאָה (Qin’áh) — Celo, ardor o celos. Puede describir la intensidad con que se protege una relación exclusiva. Debe distinguirse del control pecaminoso, la sospecha irracional y la violencia.
שַׁלְהֶבֶתְיָה (Shalhebetyáh) — Llama intensísima o llama de Jehová. La expresión de Cantares 8:6 presenta el amor como un fuego de extraordinaria fuerza que no puede ser extinguido por muchas aguas.
כֶּסֶף (Késef) — Plata, dinero o valor económico. En Cantares 8, la riqueza asociada con la viña contrasta con un amor que no puede comprarse. Los bienes pueden acompañar el amor, pero jamás producirlo ni reemplazarlo.
IDEA CENTRAL
Cantares 5–8 enseña que el amor verdadero puede atravesar conflictos y ausencias, pero permanece mediante amistad, admiración, reconciliación, pureza y compromiso; es un amor exclusivo que no puede comprarse y cuyo sello debe manifestarse tanto en los afectos como en las acciones.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
1. ¿Estoy atendiendo oportunamente a las personas que amo o permito que la comodidad, la rutina y la indiferencia produzcan una distancia innecesaria?
2. ¿Mis palabras renuevan la dignidad y la seguridad de mi cónyuge y de mis seres queridos, o las utilizo principalmente para criticar, comparar y señalar defectos?
3. ¿Comprendo la pertenencia dentro del amor como entrega mutua y responsable, o como derecho para controlar y dominar a la otra persona?
4. ¿El amor que afirmo sentir está sellado solamente en mi corazón o también puede observarse en mis acciones, decisiones, fidelidad y manera de tratar a los demás?
5. ¿Estoy protegiendo mis afectos y enseñando a los jóvenes a esperar responsablemente, establecer límites y reconocer que el verdadero amor no puede comprarse ni separarse del compromiso?
NOTA PASTORAL
Cantares nos enseña que una relación no se sostiene únicamente por la emoción de sus primeros días. Necesita atención cuando aparece la rutina, humildad cuando se cometen errores, palabras que renueven la admiración y decisiones que protejan la exclusividad. El amor verdadero no consiste en controlar, poseer o utilizar al otro, sino en cuidar su dignidad, escuchar su voz y permanecer fiel cuando muchas aguas intentan apagar el vínculo. Los matrimonios deben cuidar su viña, los solteros deben evitar despertar prematuramente deseos que todavía no pueden gobernar y las familias deben formar a sus hijos para amar con pureza, madurez y responsabilidad.
El amor humano, aun en su expresión más hermosa, continúa siendo imperfecto y necesita la restauración de Dios. Jesucristo nos muestra un amor que busca, perdona, santifica y permanece fiel. Él llevó sobre sí nuestras infidelidades y murió para reconciliarnos con Dios, pero también resucitó para ofrecernos una vida nueva. En Cristo recibimos perdón por nuestras relaciones desordenadas, sabiduría para reparar el daño causado y poder para amar con verdad, pureza, sacrificio y fidelidad.
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