DÍA 225 – PROVERBIOS 28–31 (RV-1960)

La integridad, la justicia y el temor de Jehová.

La confianza del justo no es ausencia de temor, sino la firmeza que nace de caminar en integridad y descansar en Dios.

Proverbios 28–31 concluye el libro mostrando cómo la sabiduría debe gobernar la conciencia, el liderazgo, la administración de los bienes, la vida familiar y el trato hacia los más vulnerables. Los capítulos 28 y 29 pertenecen a la colección de proverbios de Salomón recopilada por los hombres del rey Ezequías (Pr. 25:1). Los capítulos 30 y 31 preservan las enseñanzas de Agur y del rey Lemuel, dos personajes acerca de quienes la Escritura proporciona muy poca información, pero cuyas palabras fueron incorporadas a esta colección inspirada.

El cierre de Proverbios regresa constantemente a su fundamento: el temor de Jehová. La persona sabia no encubre sus pecados, no confía ciegamente en su propio corazón, no utiliza el poder para oprimir ni mide el valor humano únicamente por la apariencia. La verdadera sabiduría se manifiesta en una vida íntegra, enseñable, compasiva y sometida a la Palabra de Dios.


PROVERBIOS 28 — CONFESAR EL PECADO Y CAMINAR EN INTEGRIDAD

Proverbios 28 comienza contrastando la inseguridad del impío con la firmeza del justo:

“Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león.” (Proverbios 28:1)

La imagen no enseña que el justo nunca experimente temor. David, Elías y otros siervos de Dios atravesaron momentos de profunda angustia. La diferencia se encuentra en el fundamento de su seguridad. El impío puede vivir atormentado por una conciencia culpable, sospechando peligros incluso cuando nadie lo amenaza. El justo, en cambio, camina con la tranquilidad de quien no necesita ocultar continuamente sus acciones. Su confianza no procede de sentirse invulnerable, sino de saber que procura vivir delante de Dios con una conciencia limpia.

El capítulo relaciona la estabilidad de una nación con el carácter de sus gobernantes. Cuando abundan la rebelión, la corrupción y las luchas por el poder, los dirigentes cambian constantemente. Por el contrario, el hombre entendido contribuye a prolongar el orden. En el antiguo Israel, el rey no debía gobernar según sus caprichos, sino bajo la ley de Dios. Deuteronomio 17:18–20 ordenaba que el monarca tuviera una copia de la ley, la leyera todos los días y aprendiera a temer a Jehová.

“Los hombres malos no entienden el juicio; mas los que buscan a Jehová entienden todas las cosas.” (Proverbios 28:5)

Este versículo no promete que quienes buscan a Dios conocerán absolutamente todos los misterios. La expresión se refiere especialmente al discernimiento moral necesario para comprender la justicia. El pecado no solamente afecta la conducta; también oscurece el entendimiento. Cuando una persona insiste en justificar lo malo, poco a poco pierde la capacidad de juzgar correctamente. Por eso, el discernimiento espiritual requiere un corazón dispuesto a obedecer.

El capítulo también confronta la falsa relación entre riqueza y dignidad. El pobre que camina en integridad es mejor que el rico de caminos perversos. La prosperidad material no demuestra automáticamente la aprobación de Dios, así como la pobreza tampoco prueba que una persona sea irresponsable o impía. El valor moral de alguien no se mide por la cantidad de sus posesiones, sino por la rectitud de su conducta.

La ley de Moisés prohibía aprovecharse de la necesidad de un hermano israelita mediante intereses abusivos (Éx. 22:25; Dt. 23:19–20). Proverbios advierte que quien aumenta sus riquezas oprimiendo al pobre puede terminar acumulándolas para alguien que tendrá misericordia de él. La enseñanza no condena toda actividad económica ni todo préstamo responsable; denuncia la ganancia obtenida explotando la vulnerabilidad ajena. Dios examina no solamente cuánto poseemos, sino también cómo lo adquirimos y qué hacemos con ello.

El centro espiritual del capítulo aparece en la manera correcta de responder al pecado:

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” (Proverbios 28:13)

Encubrir el pecado significa negarlo, justificarlo, minimizarlo o culpar a otros. Adán responsabilizó a Eva y, de manera indirecta, a Dios; Eva señaló a la serpiente. David intentó esconder su adulterio y terminó añadiendo engaño y homicidio. Mientras guardó silencio, describió su condición como un desgaste interior; cuando reconoció su pecado delante de Dios, recibió perdón (Sal. 32:3–5).

La confesión bíblica no consiste únicamente en pronunciar palabras de remordimiento. El texto une dos acciones: confesar y apartarse. Confesar significa reconocer el pecado como Dios lo considera; apartarse implica abandonar su práctica y cambiar de dirección. No compramos la misericordia mediante obras, pero el arrepentimiento verdadero produce frutos visibles. Primera de Juan 1:9 afirma que Dios es fiel y justo para perdonar y limpiar a quien confiesa sinceramente.

“Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; mas el que endurece su corazón caerá en el mal.” (Proverbios 28:14)

Temer siempre no significa vivir dominado por la ansiedad. Describe una conciencia sensible que no juega con el pecado ni desprecia la corrección. El corazón endurecido deja de escuchar advertencias y termina cayendo en aquello que antes pudo haber evitado. Faraón recibió repetidas señales, pero persistió en su resistencia hasta que las consecuencias alcanzaron a toda su nación.

El capítulo termina contrastando la autosuficiencia con la sabiduría:

“El que confía en su propio corazón es necio; mas el que camina en sabiduría será librado.” (Proverbios 28:26)

La cultura moderna suele decir que debemos seguir siempre el corazón, pero la Escritura enseña que el corazón humano puede ser engañoso (Jer. 17:9). Los sentimientos son reales y deben ser examinados, pero no constituyen una autoridad infalible. La persona sabia somete sus deseos, intuiciones y planes a la Palabra de Dios, busca consejo prudente y considera las consecuencias antes de actuar. La seguridad no se encuentra en obedecer ciegamente todo deseo interior, sino en permitir que Dios forme y gobierne el corazón.


PROVERBIOS 29 — EL LIDERAZGO JUSTO, LA DISCIPLINA Y EL TEMOR DEL HOMBRE

La corrección rechazada endurece el corazón; persistir en el orgullo puede conducir a consecuencias que ya no pueden revertirse.

Proverbios 29 comienza con una seria advertencia para quien rechaza repetidamente la corrección:

“El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina.” (Proverbios 29:1)

La expresión «endurecer la cerviz» procede de la imagen de un animal que se resiste al yugo y se niega a ser dirigido. No describe una equivocación ocasional, sino una resistencia persistente. Cada corrección rechazada fortalece el orgullo y hace más difícil reconocer el error. La advertencia no enseña que Dios se niegue arbitrariamente a perdonar, sino que algunas consecuencias llegan a ser irreversibles cuando la persona insiste en despreciar todas las oportunidades de cambio.

El carácter de los gobernantes afecta directamente la condición del pueblo:

“Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.” (Proverbios 29:2)

En el mundo antiguo, un rey injusto podía imponer cargas excesivas, aceptar sobornos, confiscar propiedades y utilizar la fuerza contra quien se opusiera. La justicia del gobernante proporcionaba estabilidad, mientras que su corrupción extendía sufrimiento por toda la nación. Este principio conserva su vigencia en cualquier nivel de autoridad: gobierno, iglesia, familia, empresa o comunidad. El poder nunca es moralmente neutral; puede utilizarse para servir o para aprovecharse de otros.

El rey afirma la tierra mediante la justicia, pero el que recibe sobornos la destruye. Los presentes destinados a torcer un juicio convierten la autoridad en mercancía. La ley bíblica prohibía hacer acepción de personas, tanto favoreciendo al rico como manipulando la justicia en nombre del pobre (Lv. 19:15). Juzgar correctamente exige escuchar los hechos, rechazar intereses personales y aplicar principios justos de manera consistente.

“Conoce el justo la causa de los pobres; mas el impío no entiende sabiduría.” (Proverbios 29:7)

Conocer la causa del pobre implica interesarse activamente en su situación y procurar comprender su reclamo. El justo no decide únicamente por apariencias ni supone que toda persona vulnerable carece de razón. Investiga, escucha y defiende lo correcto. El impío puede conocer superficialmente el problema, pero no desea comprometerse porque la necesidad ajena no le proporciona beneficios.

El capítulo también muestra la diferencia entre el necio y el sabio en el manejo de las emociones:

“El necio da rienda suelta a toda su ira, mas el sabio al fin la sosiega.” (Proverbios 29:11)

Expresar toda emoción sin dominio propio no constituye sinceridad saludable. La ira descontrolada puede destruir en minutos relaciones edificadas durante años. El sabio no niega necesariamente que está molesto, pero impide que el enojo gobierne sus palabras y acciones. Santiago enseña que todo creyente debe ser pronto para oír, tardío para hablar y tardío para airarse, porque la ira humana no obra la justicia de Dios (Stg. 1:19–20).

La disciplina familiar ocupa un lugar importante en este capítulo. La vara y la corrección dan sabiduría, mientras que el hijo consentido produce vergüenza. La disciplina bíblica no autoriza el maltrato, la crueldad ni la descarga de frustración sobre los niños. Su propósito es formar el carácter mediante límites claros, instrucción, consecuencias proporcionadas y amor constante. Efesios 6:4 ordena a los padres criar a sus hijos en disciplina y amonestación del Señor sin provocarlos a ira.

Uno de los versículos más conocidos declara:

“Sin profecía el pueblo se desenfrena; mas el que guarda la ley es bienaventurado.” (Proverbios 29:18)

La palabra traducida «profecía» se refiere a revelación o visión profética. El proverbio no habla principalmente de una organización que carece de planes o metas, aunque planificar sea importante. El contraste con «guardar la ley» muestra que se refiere a la ausencia de la revelación divina. Cuando la Palabra de Dios es despreciada, el pueblo pierde los límites morales y cada persona actúa según su propio criterio, como ocurrió durante el período de los jueces.

El capítulo concluye confrontando una esclavitud interior que puede afectar incluso a personas religiosas:

“El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado.” (Proverbios 29:25)

Temer al hombre significa permitir que la opinión, la presión o las amenazas de otras personas gobiernen nuestra conducta. Este temor puede llevarnos a callar la verdad, participar en acciones incorrectas o vivir buscando aprobación. Pedro negó a Jesús por miedo, pero después de ser restaurado habló valientemente delante de las autoridades. Cuando la aprobación humana se vuelve más importante que la obediencia a Dios, se transforma en un lazo; cuando confiamos en Jehová, recibimos libertad para hacer lo correcto.


PROVERBIOS 30 — LA HUMILDAD DE AGUR Y LA SUFICIENCIA DE LA PALABRA

Proverbios 30 contiene las palabras de Agur, hijo de Jaqué. No contamos con información suficiente para identificarlo con certeza. Su inclusión demuestra que la colección de Proverbios incorporó enseñanzas sabias provenientes de diferentes voces, siempre bajo la dirección de Dios.

Agur comienza reconociendo las limitaciones de su entendimiento. Sus palabras no expresan desprecio hacia la inteligencia ni una falsa humildad destinada a recibir elogios. Representan el reconocimiento sincero de que el ser humano no puede comprender completamente a Dios mediante sus propias capacidades. Sus preguntas acerca de quién subió al cielo, recogió los vientos, envolvió las aguas y estableció los términos de la tierra resaltan la grandeza del Creador.

“¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” (Proverbios 30:4)

Dentro de su contexto, la pregunta subraya que ningún ser humano puede realizar las obras exclusivas de Dios ni comprender plenamente su misterio. A la luz de la revelación posterior, los cristianos reconocemos que Jesucristo descendió del cielo y volvió al Padre (Jn. 3:13), posee autoridad sobre el viento y el mar, y sostiene todas las cosas con la palabra de su poder. No debemos imponer al texto todo el contenido de la revelación del Nuevo Testamento, pero sí podemos reconocer que encuentra su respuesta completa en Cristo.

Después de contemplar las limitaciones humanas, Agur dirige la atención hacia la confiabilidad de lo que Dios ha revelado:

“Toda palabra de Dios es limpia; él es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.” (Proverbios 30:5–6)

La palabra de Dios es «limpia» en el sentido de haber sido probada y hallada pura, como metal refinado. Las opiniones humanas pueden estar mezcladas con error, intereses personales y conocimiento incompleto; la Palabra de Dios permanece verdadera. Por eso, nadie tiene autoridad para añadir enseñanzas y presentarlas como si procedieran del Señor. Deuteronomio 4:2 y Apocalipsis 22:18–19 contienen advertencias semejantes.

Agur presenta luego una de las pocas oraciones directas registradas en Proverbios:

“Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.” (Proverbios 30:8–9)

Su primera petición se relaciona con el carácter: desea ser librado de la falsedad. La segunda expresa contentamiento y dependencia. Agur comprende que tanto la abundancia como la necesidad pueden convertirse en ocasiones de tentación. La riqueza puede alimentar la autosuficiencia; la pobreza extrema puede impulsar a justificar acciones incorrectas. No está afirmando que toda persona rica negará a Dios ni que todo pobre robará. Reconoce humildemente su vulnerabilidad y pide una provisión que le permita vivir fielmente.

Esta oración se aproxima a la petición enseñada por Jesucristo: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mt. 6:11). Ambas expresan dependencia diaria, no una prohibición absoluta de ahorrar o planificar. La persona sabia trabaja responsablemente, pero sabe que su sustento final procede de Dios y evita convertir las riquezas en fuente de identidad o seguridad.

En la segunda mitad del capítulo aparecen varias series numéricas: «tres cosas» y «aun la cuarta». Esta era una forma poética utilizada para atraer la atención y conducir al lector hacia el punto culminante. Agur observa la creación, el comportamiento humano y el orden social para extraer enseñanzas. La sabiduría bíblica aprende tanto de la revelación escrita como de la observación cuidadosa del mundo creado por Dios.

Entre sus ejemplos sobresalen cuatro criaturas pequeñas:

“Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida.” (Proverbios 30:24–25)

Las hormigas enseñan previsión; los conejos o damanes encuentran refugio en las peñas; las langostas avanzan ordenadamente sin un rey visible; y la araña o lagartija logra entrar aun en palacios. La lección no depende del tamaño ni de la fuerza de estas criaturas, sino de la manera como utilizan correctamente los recursos que poseen. La sabiduría no consiste en lamentar aquello que nos falta, sino en reconocer nuestras limitaciones y actuar prudentemente con lo que Dios nos ha concedido.

El capítulo termina advirtiendo contra la exaltación propia y la provocación innecesaria. Así como ciertas acciones producen resultados inevitables, alimentar la ira genera contienda. La persona que reconoce haber actuado neciamente debe poner la mano sobre su boca. Saber callar, detener una reacción y renunciar a la necesidad de imponerse también son expresiones de sabiduría.


PROVERBIOS 31 — EL LIDERAZGO RESPONSABLE Y LA MUJER VIRTUOSA

La sabiduría también se transmite en el hogar: Lemuel preservó la enseñanza de su madre y la llevó consigo al ejercicio del gobierno.

Proverbios 31 contiene las palabras del rey Lemuel, enseñadas por su madre. No existe información bíblica suficiente para identificar a Lemuel con Salomón ni con otro monarca conocido. Lo importante es que un rey preservó la instrucción recibida de su madre, reconociendo el valor de su consejo en el ejercicio del gobierno.

La madre de Lemuel advierte a su hijo acerca de dos peligros capaces de destruir a un gobernante: la inmoralidad sexual y el abuso del alcohol. Los reyes del antiguo Cercano Oriente podían utilizar su poder para acumular mujeres, establecer alianzas matrimoniales y satisfacer deseos sin considerar las consecuencias. La historia de Salomón demuestra que incluso un hombre extraordinariamente sabio podía apartar su corazón mediante relaciones contrarias a la voluntad de Dios (1 R. 11:1–4).

La advertencia acerca del vino se relaciona directamente con la responsabilidad de juzgar:

“No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la sidra; no sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los afligidos.” (Proverbios 31:4–5)

El énfasis recae sobre el peligro de que una mente alterada olvide la ley y perjudique al necesitado. Cuanto mayor es la responsabilidad de una persona, más graves pueden ser las consecuencias de perder el dominio propio. Un gobernante intoxicado no se daña solamente a sí mismo; puede emitir decisiones que afecten a familias y comunidades enteras.

La autoridad debía utilizarse especialmente en favor de quienes no podían defenderse:

“Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso.” (Proverbios 31:8–9)

El «mudo» representa a quien carece de voz o influencia para presentar su causa. La madre no aconseja al rey favorecer ciegamente a una persona por ser pobre, sino asegurar que reciba justicia. La autoridad bíblica no existe para proteger privilegios personales, sino para defender el derecho, impedir el abuso y escuchar a quienes suelen ser ignorados.

La última sección del libro presenta a la mujer virtuosa mediante un poema acróstico. Cada uno de sus veintidós versículos comienza, en orden, con una letra del alfabeto hebreo. Esta estructura facilitaba la memorización y comunicaba una descripción completa, desde la primera letra hasta la última.

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.” (Proverbios 31:10)

La expresión «mujer virtuosa» traduce ’ēshet ḥayil, que también puede comunicar la idea de una mujer fuerte, capaz, noble y valiente. No se limita a una cualidad pasiva ni a la apariencia física. La mujer descrita administra recursos, produce bienes, compra un campo, planta una viña, comercia, ayuda al necesitado, dirige su casa y habla con sabiduría.

El pasaje debe evitarse como una lista utilizada para imponer cargas imposibles o despreciar a quienes atraviesan otras circunstancias. El poema presenta un retrato integrado de carácter y diligencia, probablemente observado a lo largo de diferentes etapas de la vida, no una agenda que deba cumplirse completamente en un solo día. Su propósito es honrar el trabajo, la previsión, la generosidad y el temor de Jehová.

La mujer considera un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña. Esto demuestra participación activa en la economía familiar y capacidad para tomar decisiones responsables. Sus actividades no proceden de una ambición egoísta, sino del deseo de procurar el bienestar de su casa. Al mismo tiempo, extiende su mano al pobre y al menesteroso. La prosperidad que no produce generosidad contradice la sabiduría bíblica.

“Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua.” (Proverbios 31:25–26)

Su confianza frente al futuro no nace de creer que puede controlarlo todo. Ha trabajado con diligencia, se ha preparado responsablemente y descansa en Dios. Además, sus palabras unen sabiduría y clemencia. No utiliza su conocimiento para humillar, sino para instruir con bondad. La verdad bíblica no necesita crueldad para conservar su autoridad.

El esposo y los hijos reconocen públicamente su valor. El texto no presenta su trabajo como algo que deba darse por sentado. Sus obras son dignas de gratitud y alabanza. La familia sabia aprende a expresar reconocimiento por los sacrificios, la fidelidad y el servicio cotidiano de quienes cuidan de ella.

El libro concluye regresando al tema con el cual comenzó:

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.” (Proverbios 31:30)

La belleza física no es condenada, pero es pasajera e insuficiente para sostener el carácter. La apariencia puede producir una impresión inicial que no corresponde con la realidad interior. El temor de Jehová, en cambio, forma una belleza moral que permanece: integridad, compasión, sabiduría, fidelidad y fortaleza.

Proverbios comenzó presentando a la sabiduría como una mujer que llama públicamente a los simples y termina mostrando a una mujer cuya vida encarna esa sabiduría. El propósito del libro no es que admiremos ideas elevadas, sino que la verdad de Dios se convierta en conducta visible dentro de nuestras responsabilidades cotidianas.


PALABRAS CLAVE EN LOS IDIOMAS ORIGINALES

Comprender algunas palabras en su idioma original ayuda a captar la profundidad espiritual del texto. Estas definiciones no sustituyen la Escritura; la iluminan.

יָדָה (Yādāh) — Confesar, reconocer o declarar abiertamente. En Proverbios 28:13 se utiliza para quien deja de encubrir su pecado y lo reconoce. La confesión bíblica no consiste en ofrecer excusas, sino en estar de acuerdo con el juicio de Dios y abandonar la conducta pecaminosa.

תָּמִים (Tāmîm) — Íntegro, completo o sin doblez. Proverbios 28:18 describe al que camina en integridad. No significa perfección absoluta, sino una vida coherente, sincera y orientada hacia lo recto, sin mantener deliberadamente una doble conducta.

חָזוֹן (Ḥāzôn) — Visión o revelación profética. En Proverbios 29:18 se refiere a la revelación comunicada por Dios. Cuando su Palabra es rechazada, el pueblo pierde los límites morales y se desenfrena.

חַיִל (Ḥayil) — Fuerza, capacidad, valor o nobleza. Forma parte de la expresión «mujer virtuosa» en Proverbios 31:10. Describe a una mujer fuerte, competente y valiosa, cuyo carácter se manifiesta mediante la diligencia, la generosidad y la fidelidad.

יִרְאַת יְהוָה (Yir’at YHWH) — Temor de Jehová. En Proverbios 31:30 representa la reverencia que reconoce la autoridad de Dios y orienta toda la conducta. Es la cualidad fundamental que supera la apariencia y da valor permanente al carácter.


IDEA CENTRAL

La verdadera sabiduría confiesa y abandona el pecado, gobierna con justicia, rechaza la autosuficiencia, confía en la Palabra de Dios y demuestra el temor de Jehová mediante una vida íntegra, responsable, compasiva y diligente.


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

1. ¿Existe algún pecado que estoy encubriendo, justificando o minimizando en lugar de confesarlo y apartarme sinceramente de él?

2. ¿Utilizo la autoridad y las responsabilidades que Dios me ha concedido para servir y proteger, o para defender mis propios intereses?

3. ¿Estoy permitiendo que el temor a la opinión de otras personas gobierne alguna decisión que debería someter a Dios?

4. ¿Mi administración del dinero demuestra contentamiento, generosidad y dependencia del Señor, o está dominada por la ansiedad y la ambición?

5. ¿Las personas más cercanas pueden reconocer en mi conducta la integridad, la diligencia, la compasión y el temor de Jehová enseñados en estos capítulos?


NOTA PASTORAL

Proverbios 28–31 nos recuerda que la sabiduría debe descender de las palabras a la conducta. Podemos hablar acerca de justicia mientras ignoramos al vulnerable, conocer versículos acerca del arrepentimiento mientras continuamos encubriendo el pecado y defender la Palabra de Dios mientras confiamos completamente en nuestro propio corazón. La persona sabia se deja corregir, confiesa sus faltas, administra responsablemente lo recibido y utiliza su influencia para hacer el bien.

Jesucristo encarna perfectamente la sabiduría presentada en estos capítulos. Él caminó en absoluta integridad, habló en favor de los despreciados, nunca fue gobernado por el temor del hombre y entregó su vida para que los pecadores pudiéramos alcanzar misericordia. Bajo su señorío aprendemos a abandonar la doble vida, servir con justicia y valorar el carácter por encima de las apariencias. El temor de Jehová que da comienzo a la sabiduría también debe ser la evidencia que corone nuestra vida.

3 respuestas a «DÍA 225 – PROVERBIOS 28–31 (RV-1960)»

  1. Avatar de totallyautomaticc6d4d071ca
    totallyautomaticc6d4d071ca

    Amén. Realmente que el cristiano tiene que andar en santidad y dirigir su vida con la sabiduría divina. De otra forma su corazón está engañado, ayúdame Señor a poner mi corazón delante de ti, escudriñalo, corrigelo y ayúdame a obedecer en todo 🙏📖

    Me gusta

  2. Avatar de fuzzysecretlyc26d4c7468
    fuzzysecretlyc26d4c7468

    Amén que guía es la palabra de Dios en nuestro caminar, todo es claro , Señor Jesús gracias por amarnos y enseñarnos como dirigirnos.💜

    Me gusta

  3. Avatar de birdtransparent368e36926a
    birdtransparent368e36926a

    Que seria de nosostros sin la palabra de Dios

    cuantas sabiduría, cuantas instrucciones nos son dadas para caminar con rectitud, y en integridad

    Padre tu palabra es Lámpara que nos alumbra cada dia; guianos para llagar a alcanzar la medida del varón perfecto

    Me gusta

Deja un comentario

Obtén información semanal

Sabemos que cada persona enfrenta desafíos únicos en su caminar. Por eso, ofrecemos acompañamiento espiritual para ayudarte a encontrar dirección, fortalecer tu fe y crecer en el propósito que Dios tiene para tu vida.