La esperanza del creyente, la fidelidad de Dios en cada generación y el reino eterno del Mesías.

Los Salmos 70–72 cierran magistralmente el segundo libro del Salterio (Salmos 42–72). Esta colección termina elevando la mirada desde las necesidades inmediatas del creyente hacia la esperanza gloriosa del reino de Dios. David, ya en la última etapa de su vida, vuelve a clamar por la ayuda del Señor, recuerda la fidelidad que lo ha acompañado desde su juventud y contempla, finalmente, al Rey perfecto cuyo dominio alcanzará a todas las naciones.
Estos salmos forman una progresión espiritual extraordinaria. El Salmo 70 expresa la urgencia de quien necesita el auxilio inmediato de Dios. El Salmo 71 refleja la confianza de un creyente que ha caminado durante toda su vida con el Señor y desea terminar fielmente su carrera. El Salmo 72 culmina esta sección anunciando el reinado universal del Mesías, cuya justicia, paz y gloria llenarán toda la tierra. La historia personal del creyente encuentra su verdadero significado cuando se comprende dentro del gran propósito redentor de Dios, que culmina en el reino eterno de Jesucristo.
SALMO 70 — EL CLAMOR URGENTE DE QUIEN ESPERA EN DIOS
El Salmo 70 es una oración breve pero intensa. Corresponde casi exactamente a la parte final del Salmo 40 (vv. 13–17), aunque aquí aparece como un cántico independiente. David se encuentra nuevamente rodeado de enemigos y siente la necesidad urgente de la intervención divina. No intenta ocultar su fragilidad ni aparentar una fortaleza que no posee; simplemente clama al Señor.
El salmo comienza diciendo:
“Oh Dios, acude a librarme; apresúrate, oh Jehová, a socorrerme” (Salmo 70:1, RV-1960).
La repetición expresa la intensidad de la necesidad. David sabe que Dios actúa conforme a su tiempo perfecto, pero también comprende que puede presentar delante de Él toda la urgencia de su corazón. La oración sincera no necesita esconder nuestras emociones; Dios recibe con amor el clamor del creyente que reconoce su total dependencia de Él.
David pide que los enemigos sean avergonzados.
“Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida” (Salmo 70:2, RV-1960).
Esta petición no nace del orgullo personal, sino del deseo de que prevalezca la justicia de Dios. El salmista no pretende tomar venganza por sus propias manos; deja el juicio completamente en las manos del Señor.
En contraste con los impíos, David habla de quienes buscan sinceramente a Dios.
“Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan” (Salmo 70:4, RV-1960).
La alegría del creyente no depende de la desaparición inmediata de los problemas, sino de la certeza de que Dios permanece cercano a quienes le buscan. Mientras los enemigos centran su atención en destruir, los hijos de Dios encuentran gozo al contemplar la grandeza del Señor.
El salmo concluye con una confesión profundamente humilde.
“Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios” (Salmo 70:5, RV-1960).
David no apela a su experiencia, a su posición como rey ni a sus victorias pasadas. Se presenta delante de Dios como un hombre necesitado de gracia. Esa misma actitud caracteriza a todos los grandes hombres de la fe. Cuanto más madura espiritualmente una persona, más consciente es de su absoluta dependencia del Señor.
SALMO 71 — LA FIDELIDAD DE DIOS DESDE LA JUVENTUD HASTA LA VEJEZ
El Salmo 71 constituye una de las reflexiones más hermosas acerca de la fidelidad de Dios a lo largo de toda la vida. Aunque su autor no aparece identificado, la tradición judía y muchos intérpretes antiguos lo atribuyen a David durante los últimos años de su existencia. El salmista contempla el pasado, el presente y el futuro, descubriendo que la misericordia del Señor ha permanecido inalterable en cada etapa de su peregrinación.
El salmo comienza con una afirmación conocida.
“En ti, oh Jehová, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás” (Salmo 71:1, RV-1960).
Las palabras recuerdan el lenguaje de numerosos salmos anteriores. Después de toda una vida caminando con Dios, David continúa refugiándose en el mismo lugar. La madurez espiritual no consiste en depender menos del Señor, sino en depender de Él cada vez más profundamente.
Luego declara:
“Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente” (Salmo 71:3, RV-1960).
El refugio no es una experiencia ocasional. David ha aprendido a volver constantemente a Dios en cada circunstancia. La comunión con el Señor no constituye un recurso de emergencia, sino el ambiente donde el creyente aprende a vivir diariamente.
Más adelante encontramos una hermosa confesión.
“Porque tú eres mi esperanza, oh Señor Jehová; seguridad mía desde mi juventud” (Salmo 71:5, RV-1960).
David reconoce que la fidelidad de Dios comenzó a manifestarse mucho antes de ocupar el trono. Desde sus días como pastor en Belén, durante la lucha contra Goliat, en los años de persecución y a lo largo de su reinado, el Señor nunca dejó de sostenerlo.
El salmista añade:
“En ti he sido sustentado desde el vientre” (Salmo 71:6, RV-1960).
Toda su vida aparece como una historia de gracia. No existe un solo momento en el que pueda atribuirse el mérito de haber llegado por sus propias fuerzas hasta donde se encuentra.
Uno de los pasajes más conmovedores del salmo aparece cuando David contempla la vejez.
“Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares” (Salmo 71:18, RV-1960).
No pide una vida libre de limitaciones propias de la edad. Su mayor anhelo consiste en continuar siendo útil para la obra del Señor.
“Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir.” (Salmo 71:18, RV-1960).
La verdadera grandeza de una vida no consiste en acumular años, sino en transmitir fielmente la verdad de Dios a la siguiente generación.
El salmo concluye con un cántico de alabanza.
“Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, y mi alma, la cual redimiste” (Salmo 71:23, RV-1960).
David termina donde comenzó: adorando al Dios cuya fidelidad nunca dejó de acompañarlo.
SALMO 72 — EL REY JUSTO Y EL REINO ETERNO DEL MESÍAS

El Salmo 72 constituye uno de los grandes salmos mesiánicos del Antiguo Testamento. Aunque el encabezado menciona a Salomón, el contenido supera ampliamente cualquier realidad vivida durante su reinado. Aquí contemplamos al Rey ideal cuya justicia, paz y dominio universal solamente encuentran cumplimiento perfecto en Jesucristo.
El salmo comienza con una oración.
“Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey” (Salmo 72:1, RV-1960).
Todo gobierno verdaderamente justo depende de la sabiduría que procede de Dios. El rey prometido gobernará conforme a la justicia divina y no según los intereses humanos.
El salmista continúa describiendo su reino.
“Juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio” (Salmo 72:2, RV-1960).
Mientras los reinos humanos suelen favorecer a los poderosos, el Mesías protegerá especialmente a los humildes, a los pobres y a los oprimidos.
Más adelante declara:
“Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz” (Salmo 72:7, RV-1960).
La paz verdadera siempre nace de la justicia. No se trata simplemente de ausencia de conflictos, sino del orden perfecto producido por el gobierno santo del Rey.
El alcance de ese reino aparece claramente definido.
“Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra” (Salmo 72:8, RV-1960).
Ningún rey de Israel gobernó jamás sobre toda la tierra. Esta promesa señala directamente hacia el Mesías, cuyo reino abarcará todas las naciones.
El salmista añade:
“Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán” (Salmo 72:11, RV-1960).
Estas palabras encuentran eco en la visión profética de Isaías y alcanzan su culminación en el Apocalipsis, donde toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.
El Rey también se distingue por su compasión.
“Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra” (Salmo 72:12, RV-1960).
El Mesías no gobierna para su propio beneficio, sino para rescatar a quienes no tienen esperanza.
Finalmente, el salmo concluye con una extraordinaria doxología.
“Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas” (Salmo 72:18, RV-1960).
Y añade:
“Bendito su nombre glorioso para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.” (Salmo 72:19, RV-1960).
Con estas palabras termina el segundo libro del Salterio. Todo conduce hacia la gloria de Dios y hacia el establecimiento definitivo de su reino por medio del Mesías.
PALABRAS CLAVE
מַהֵר (mahér) — apresurarse, acudir rápidamente en ayuda.
מַחֲסֶה (majaséh) — refugio, lugar seguro.
צֶדֶק (tsédeq) — justicia, rectitud conforme al carácter de Dios.
שָׁלוֹם (shalom) — paz, bienestar integral, armonía producida por el gobierno de Dios.
IDEA CENTRAL
La vida del creyente descansa en la fidelidad de Dios desde el principio hasta el final, mientras espera el reino perfecto del Mesías, cuya justicia y paz llenarán toda la tierra.
PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN
1. ¿Qué nos enseña el Salmo 70 acerca de acudir a Dios en momentos de urgencia?
2. ¿Cómo describe el Salmo 71 la fidelidad del Señor a lo largo de toda la vida?
3. ¿Qué legado deseaba dejar David a las generaciones futuras?
4. ¿Qué características distinguen al Rey anunciado en el Salmo 72?
5. ¿Cómo fortalece nuestra esperanza saber que el reino de Cristo se extenderá hasta los confines de la tierra?
NOTA PASTORAL
Los Salmos 70–72 nos recuerdan que la fidelidad de Dios no se limita a una etapa específica de nuestra vida. Él escucha el clamor del creyente en los momentos de mayor necesidad, sostiene a sus hijos desde la juventud hasta la vejez y dirige toda la historia hacia el establecimiento definitivo del reino de su Hijo.
David comprendió que su vida tenía sentido únicamente mientras permaneciera refugiado en el Señor y transmitiera su grandeza a quienes vendrían después. El Salmo 72 nos muestra que esa historia no termina con David ni con Salomón. Toda la esperanza del pueblo de Dios converge finalmente en Jesucristo, el Rey justo cuyo reino jamás será destruido. Mientras esperamos el día en que toda la tierra sea llena de su gloria, caminemos confiando en la misma fidelidad que sostuvo a los salmistas, sabiendo que el Dios que nos ha acompañado hasta hoy continuará guiándonos con su gracia hasta el cumplimiento perfecto de todas sus promesas.
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