El Evangelio que se vive
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”
— Mateo 7:24
Un creyente coreano se acercó a un misionero y le dijo con humildad que había aprendido el Sermón del Monte y deseaba recitarlo.
Verso por verso, palabra por palabra, repitió los tres capítulos enteros de Mateo 5 al 7, sin omitir ni una sola expresión.
Impresionado, el misionero le dijo: “Hermano, lo importante es vivir lo que Jesús enseñó.”
A lo que el hombre respondió con serenidad:
“Así lo aprendí. Un versículo a la vez… practicado con mis vecinos, y entonces se grabó en mi corazón.”
Aprender, practicar, permanecer
Muchos memorizan, pocos viven.
Muchos oyen, pocos obedecen.
Pero Jesús dejó claro que no basta con escuchar… hay que edificar sobre la Roca.
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores…”
— Santiago 1:22
El verdadero aprendizaje ocurre cuando la Palabra pasa de la cabeza al corazón, y del corazón a las manos.
No es información. Es transformación.
Las Escrituras están hechas para ser vividas
Deuteronomio dice que la Palabra debe estar en el corazón, en la puerta de casa, en las manos y en los hijos (Dt. 6:6–9).
El Salmo 119 declara que su Palabra es lámpara, escudo, delicia, y verdad.
Proverbios afirma que atar la Palabra al cuello y escribirla en el corazón es clave para una vida de dirección divina (Pr. 3:3–4; 7:1–3).
Y cuando Jesús concluye el Sermón del Monte en Mateo 7:24–27, no dice “bienaventurado el que lo memoriza”, sino:
“…el que las oye y las hace, ese es el prudente que edificó sobre la roca.”
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Oír + Guardar + Practicar = Vida sólida
El creyente coreano no fue a seminarios ni tuvo una Biblia de estudio.
Tuvo fe sencilla, disposición a obedecer y un corazón rendido.
Un versículo a la vez…
Un vecino a la vez…
Una transformación a la vez.
¿Y tú? ¿Eres oidor o hacedor?
¿Tu Biblia está en tu corazón… o solo en tu estantería?
El mundo no necesita solo creyentes informados…
Necesita creyentes transformados.
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