LA REDENCIÓN ETERNA

Una Gracia que No Condena

El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra” (Juan 8:7)

Una mujer sorprendida en adulterio. Una multitud con piedras en la mano.

Una escena de vergüenza, juicio y condena…

Pero también un momento que revelaría el corazón misericordioso de nuestro Salvador.

Jesús no ignora el pecado, pero tampoco actúa como los hombres.

En lugar de responder al escándalo con otra condena, se inclina, escribe en la tierra y dice:

“El que esté sin pecado…”

Uno a uno, los acusadores se van.

Solo queda ella, frente a la única Persona que podría condenarla con justicia.

Y Él le dice:

“Ni yo te condeno; vete y no peques más.”

📌 Esa es la esencia de la redención:

Un perdón que no encubre el pecado, sino que lo limpia.

Un amor que no ignora el pasado, pero ofrece una nueva oportunidad.

Una gracia que no aprueba el error, pero tampoco se complace en el castigo.

Todos nosotros somos como esa mujer:

expuestos, necesitados, incapaces de justificarnos por nosotros mismos.

Pero también somos candidatos a experimentar el poder transformador del amor de Cristo.

Jesús no vino a buscar perfectos.

Vino a buscar corazones sinceros.

Vino a mostrar que su redención no tiene límites, ni plazo, ni condiciones humanas.

Es una redención eterna porque fue pagada en la cruz, sellada con su sangre y confirmada por su resurrección.

📖 “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (Hebreos 10:14)

No importa cuán lejos hayas caído.

Si te acercas a Jesús, no hallarás condenación.

Encontrarás perdón, restauración y libertad.

No para seguir igual… sino para comenzar de nuevo.

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