Cuando soltar no es debilidad, sino sabiduría del cielo
Cierta vez, una pequeña hormiga cargaba un gran fruto sobre su espalda. Caminaba con esfuerzo, pero decidida, cuando se cruzó en el camino con un escarabajo burlón. El escarabajo, arrogante, comenzó a burlarse de ella:
—“¿No te das cuenta de lo ridícula que luces? Tan diminuta… y pretendes cargar ese fruto enorme. Te vas a aplastar.”
La hormiga, sin responder, continuó su camino. El escarabajo, molesto por haber sido ignorado, le cerró el paso y con una patada le quitó el fruto de la espalda. La hormiga cayó al suelo, y el fruto rodó lejos.
Con esfuerzo, la hormiga se levantó, buscó su fruto, y volvió a cargarlo sobre sí. Pero en ese momento, notó que el escarabajo había quedado atrapado bajo una hoja húmeda, incapaz de liberarse.
Ella se acercó… y aunque tenía la oportunidad perfecta para vengarse, levantó con sus patas la hoja y lo liberó.
Sorprendido, el escarabajo le dijo:
—“¿Por qué me ayudas después de lo que te hice?”
Y la hormiga respondió:
—“Puedo cargar hasta 20 veces mi propio peso… pero hay una carga que es demasiado pesada para mí: el rencor.”
Cuando el perdón es más fuerte que la fuerza
Esta historia no solo conmueve: confronta.
Porque ¿cuántos de nosotros vamos por la vida llevando frutos pesados de amor, servicio o fe, y de pronto somos derribados por burlas, traiciones, rechazos o injusticias?
El alma herida quiere vengarse.
Pero el alma que ha sido tocada por Cristo elige otra respuesta.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó a vosotros en Cristo.”
— Efesios 4:32
El rencor no es una herida… es una carga.
Una que impide avanzar, que consume energía, que cierra el corazón a la voz de Dios.
Jesús mismo, siendo perfecto, perdonó a los que lo crucificaron.
Nos enseñó que el amor no solo salva… también libera.
¿A quién debes soltar hoy?
A esa persona que te hirió y nunca pidió perdón…
A ese recuerdo que te encadena…
A esa carga que te impide seguir caminando ligero en tu llamado…
“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”
— Romanos 12:21
Perdonar no es justificar el daño.
Es reclamar tu libertad y reconocer que tú también fuiste perdonado por gracia.
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